Alvarez Uría: El reconocimiento de la humanidad

Alvarez Uría, F. (2014): El reconocimiento de la humanidad. España, Portugal y América Latina en la génesis de la
modernidad. Madrid, Ediciones Morata.

uria_libro2

La tesis sostenida en El reconocimiento de la humanidad es que el moderno orden secular se sustentó en Occidente en la categoría de género humano, una categoría de pensamiento extraña al mundo protestante de los elegidos. Tras el descubrimiento del Nuevo Mundo esta categoría se expandió, tanto en España como en América Latina, impulsada por la llamada Escuela de Salamanca.

¿Cómo explicar que esa primera modernidad del sur, que fue decisiva en el proceso de formación de un pensamiento racional y científico, haya sido mayoritariamente marginada, ignorada o infravalorada por los historiadores? ¿Cómo explicar que los países hispanos, en donde presuntamente se produjo ese primer avance de secularización y de democratización, se hayan incorporado tardíamente al mundo moderno, hasta el punto de que la Iglesia Católica sigue aún en la actualidad marcando fuertemente la agenda de los gobiernos?

En el libro se abordan estas y otras cuestiones, y se argumenta que la formación de la idea de humanidad, en íntima relación con las navegaciones y descubrimientos, abrieron el camino a la constitución de un nuevo espacio mental, a un nuevo sistema de pensamiento que se articuló con específicas condiciones sociales y políticas. La historia intelectual únicamente resulta inteligible a la luz de la historia social.

El reconocimiento de la humanidad abrió la caja de Pandora del problema de la legitimidad del poder. ¿Si todos los seres humanos compartimos una naturaleza común, por qué unos mandan y otros obedecen, por qué unos son ricos y otros pobres, de dónde dimana la propiedad, la sociedad, y el Estado? Las bases para un nuevo pensamiento político, al margen del orden teocrático, propio de la cristiandad, estaban puestas. Frente a las ideas recibidas, se avanza en esta obra una nueva línea explicativa de la génesis de la modernidad que, centrada especialmente en el siglo XVI, atraviesa España, Portugal y América Latina

 

 

Teknokultura entre dos siglos – Libro

Este libro reúne una selección de los trabajos publicados en la revista digital Teknokultura en conmemoración de sus trece años de existencia. Los textos incluidos en esta “antología” muestran la diversidad de temas, cuestionamientos y debates que Teknokultura ha albergado y fomentado desde su aparición en 2001. Se han quedado fuera muchos otros también importantes que forman parte del esfuerzo de crear un foro de discusión sobre asuntos de tecnología que deje de una vez por todas de concentrarse en el aparato y el estrecho ámbito de sus usos particulares para atender las maneras complejas en las que la tecnología como sistemas de significación reestructura la vida social, económica, política y cultural. Invitamos al lector a transitar por estas páginas con la expectativa de suscitar suficientes inquietudes como para continuar la discusión, así como acción política y social más allá de ellas.

Fernando Álvarez Uría presenta «El reconocimiento de la humanidad»

En esta entrevista con Paulo Cosín el autor nos habla de «El reconocimiento de la humanidad. España, Portugal y América Latina en la génesis de la modernidad« su último libro publicado en Ediciones Morata.

Fernando Álvarez Uría presenta su libro El reconocimiento de la humanidad P. En El reconocimiento de la humanidad se plantea que fue a partir del descubrimiento de América, y de la primera vuelta al mundo realizada por Magallanes, cuando se produjo el gran desarrollo del pensamiento moderno en torno a la defensa de los derechos humanos, empezando por los dominicos de la Escuela de Salamanca. Estos defensores de la humanidad disponían de influencia ante el poder real y la Iglesia, pero actuaron con valentía, pues finalmente fueron condenados por la Inquisición. ¿Es esta obra una manera de que la historia haga justicia a estas personas que nos legaron esta categoría de género humano? ¿Hay ejemplos como estos en la actualidad?

R. Me interesa en especial la historia del presente. Es preciso conocer el pasado para objetivar el peso del pasado en nuestras sociedades, para dar cuenta de las inercias que nos impiden avanzar, pero también de las posibilidades abiertas que se vieron bloqueadas. Las navegaciones emprendidas por portugueses y españoles durante los siglos XV y XVI crearon las condiciones para la formación de un pensamiento nuevo que abrió el camino al mundo moderno. En este sentido es preciso reconocer el valor de quienes desafiaron las ideas recibidas. Imperaba entonces en el occidente cristiano una mentalidad de cristiandad en la que únicamente había espacio para fieles e infieles, cristianos y paganos, amigos y enemigos. Fueron algunos frailes dominicos, como Cayetano y Francisco de Vitoria, los representantes de la llamada Escuela de Salamanca, con la que conectó muy especialmente Bartolomé de las Casas, quienes abrieron el camino a una nueva categoría de pensamiento, la categoría de género humano, que obligó a pensar de otro modo. El historiador norteamericano Lewis Hanke lo expresó bien con el título de uno de sus libros: La humanidad es una. Los dominicos tendían a monopolizar las cátedras de teología en las Universidades cristiano-escolásticas, ocupaban puestos importantes en el interior de los tribunales de la inquisición, desempañaban al lado de los monarcas un papel fundamental para combatir la nueva herejía luterana, pero a la vez, para pensar el Nuevo Mundo, y para combatir los estatutos de limpieza de sangre, promovieron una nueva categoría universalista de pensamiento, la categoría de humanidad heredada de los estoicos. A partir de esa revolución mental se abrió el nuevo espacio intelectual del mundo moderno, un espacio secularizado en el que la Declaración Universal de los Derechos Humanos encontró cobijo y a su vez dio alas a una utopía posible: la gran república humana. Creo que J. Habermas tiene razón al defender que la modernidad no está cerrada: estamos obligados a ser modernos, a pensar y actuar en términos universalistas, en defensa del bien común.

 

P. Argumenta que la categoría de género humano, desarrollada en España y América Latina, fue diferente a la del mundo protestante. ¿Cuáles considera que son la principales diferencias?

R. A diferencia de la bondad del hombre natural, y del comunitarismo católico, los protestantes insistieron en la maldad natural del mundo encenagado en el pecado, y la soledad de los individuos ante la incertidumbre de la predestinación. El hombre es un lobo para el hombre, escribía T. Hobbes. La naturaleza del pacto social difiere profundamente entre el mundo católico y el protestante. Los católicos retomaron de Aristóteles la idea de que el ser humano es por naturaleza un ser social. Durante mucho tiempo el mundo protestante estuvo circunscrito al mundo de los elegidos, agrupados en las sectas. Me parece que es preciso cuestionar la idea de que la modernidad viene del norte, del protestantismo. Es preciso analizar en la historia cómo se produjo la modernidad y cuales fueron sus efectos. No es una cuestión meramente académica. Aceptar sin más la modernidad protestante equivale a aceptar la racionalidad del sistema pues, como mostró Max Weber, existe una homología estructural entre el pietismo protestante y el espíritu del capitalismo. Yo defiendo la tesis de una primera modernidad latina, la modernidad del sur, la modernidad que iguala a la pobres y a los ricos, a los fieles y los infieles, a los nacionales y a los extranjeros.

P.Si bien gran parte del libro se detiene en el descubrimiento del Nuevo Mundo, el recorrido histórico es tan apasionante como amplio, y permite ver la evolución del pensamiento occidental en torno a la idea de humanidad desde Constantino, en el siglo IV, hasta Hobbes y Locke. En el libro aparecen referencias múltiples de personajes históricos y pensadores, como Tomás de Aquino, el emperador Federico II, Nicolás de Cusa, Juan de Paris, Guillermo de Ockham, Lutero, Petrarca, Bocaccio, Maquiavelo, Tomás de Vio, el papa Alejandro VI, Francisco de Vitoria, Bartolomé de las Casas, Carranza y muchos más. Todo esto lleva a pensar en que la investigación ha debido ser larga y minuciosa. ¿Cuántos años de investigación se necesitan para escribir una obra así?

R. Siempre me interesó la sociología histórica, y con ella el método genealógico, para tratar de entender de dónde venimos y cómo podríamos avanzar. En este sentido, tras realizar desde hace años algunos trabajos puntuales, me pareció percibir una deficiencia en los análisis realizados por la mayor parte de los historiadores sobre el imperio portugués y el español, pues el poder físico y material no parecía ir acompañado de un poder simbólico. Predominaba una mirada miserabilista en la que la inquisición y la violencia se hacían omnipresentes. Sin duda esos poderes existieron, y generaron durante siglos demasiado dolor y sufrimiento, pero también era preciso ser sensible a las resistencias y a las desviaciones. Me parecía que para entender el movimiento ilustrado era preciso retrotraerse a los tiempos en los que predominaba un pensamiento teológico-político y dar cuenta de cómo el orden natural y el sobrenatural se escindieron. A la redacción de este libro dediqué estos tres últimos años de investigación, pero para realizarlo contaba con todo un material previo que había trabajado de forma sectorial.

El libro consta de una parte central, en la que presento cómo se produjo la modernidad en España, Portugal y América Latina, en íntima relación con la categoría de humanidad, pero previamente presento las líneas maestras del mundo medieval como contrapunto. El libro se cierra con una parte final en la que se pone de manifiesto cómo, tras ser decapitada la Escuela de Salamanca, los jesuitas retomaron el testigo de la modernidad y lo remodelaron en función de su fidelidad al poder infalible del obispo de Roma. España, Portugal y América Latina tuvieron su propia vía de acceso a la modernidad, pero al final esa modernidad se vio bloqueada por los poderes civiles y religiosos, y creo que la superación de esta especie de aporía entre una modernidad precoz y una modernidad bloqueada pasa por una apuesta decidida en favor de un proceso de secularización articulado por la solidaridad, y por la defensa y cuidado de los bienes comunes.

P. ¿Cuál cree que es la principal aportación del libro?

R. Toda investigación hunde sus raíces en un pensamiento colectivo. En este sentido mis deudas con historiadores y sociólogos es enorme. Creo que la principal innovación del libro está en mostrar que la idea de humanidad, y con ella la de la naturaleza natural, surgió como una estrella danzarina del descubrimiento del Nuevo Mundo, una categoría que suponía que el papa y el emperador dejaban de ser los dueños del universo. El sistema de pensamiento por el que se regía el mundo medieval se venía definitivamente abajo, precisamente en tiempos del emperador Carlos V. La apropiación de nuestro propio destino en tanto que seres humanos, frente a los poderes exorbitantes de los poderosos, continúa siendo hoy, como ayer, el eje de la hoja de ruta de los movimientos democráticos que aspiran a ser modernos.

Libro Cultura Digital y Movimientos Sociales

Este libro propone, desde el análisis de distintos espacios y tendencias sociales, que la tecnología y la política no son ámbitos indiscutiblemente diferenciados. Hasta hace bien poco, la tecnología se ha considerado como un hecho neutro, extraño, autónomo y monopolio exclusivo de ingenieros y científicos. A partir de la segunda mitad del siglo XX se reivindica su naturaleza política y su vínculo íntimo con la organización social. En la actualidad, toda propuesta de cambio social requiere su incorporación como espacio de operaciones y como horizonte a transformar. A pesar de ello, escasean las publicaciones que aborden el estudio del nexo entre el universo político y el campo de lo técnico, y su permanente mediación de la vida social, en el contexto de la globalización, en el que emergen nuevas formas de intervención política. Los autores apuestan por sortear los efectos colaterales del determinismo tecnológico y por destruir el mito de una tecnología aséptica, cerrada y neutral. Estas páginas presentan numerosos ejemplos —los molinos del medioevo, los automóviles, los teléfonos móviles, el software libre, los chats, y la Web 2.0— que muestran cómo lo técnico se redefine constantemente desde los ámbitos local y colectivo.

Han coordinado esta obra Igor Sádaba, profesor en el departamento de Ciencia Política y Sociología de la Universidad Carlos III de Madrid y Ángel Gordo, profesor en el departamento de Sociología IV de la Universidad Complutense. Ambos son miembros de Cibersomosaguas, grupo de investigación sobre cultura digital y movimientos sociales.