Declaración de Renuncia de Ian Parker a la Universidad Metropolitana de Manchester

Traducido por: Revista de Teoría y Crítica de la Psicología

He renunciado a la Universidad Metropolitana de Manchester (MMU). Mi posición aquí se ha vuelto insostenible. Fui suspendido por cuestionar arreglos de carga de trabajo y procedimientos de contratación. La universidad hizo entonces engañosas declaraciones a la prensa en las que daba a entender que había otras razones para la acusación de “mala conducta profesional grave”. El ataque de la universidad contra mis derechos como universitario, contra mi trabajo académico y contra mis actividades sindicales, ha tenido efectos duraderos, y todo intento de reparar el daño ha sido bloqueado por las autoridades universitarias. La evidencia escrita presentada a la audiencia disciplinaria por uno de mis directores incluía una frase involuntariamente significativa: “Lamento profundamente la situación y el daño inexorable incurridos por mi Departamento y por la Universidad”. ¡Debo decir que estoy de acuerdo! La base de la campaña para apoyarme fue que las cuestiones de confidencialidad y control estuvieron en el centro de las actividades que llevaron a mi suspensión, y que los documentos deben ser difundidos para dejar en claro cuáles eran los cargos y así limpiar mi nombre. Un archivo de material sobre el caso se fue acumulando a lo largo de la campaña en www.asylumonline.net/ian

Los documentos clave

Ha habido un esfuerzo sostenido para hacerme callar, y la supresión de los documentos (como bien lo sabe la universidad) no me favorecía. Es por eso que ahora estoy haciendo públicos estos documentos, para que los lectores puedan decidir por ellos mismos si yo tenía toda la razón en cada paso del camino, o si lo que hice fue estúpido y brutal, o si he cometido atroces crímenes que deban ser castigados con un intento de poner fin a mi carrera académica.

El 18 de mayo 2012, siendo representante sindical de la University and College Union (UCU) en mi campus, envié a algunos colegas individuales en mi departamento un correo electrónico “confidencial” sobre la carga de trabajo para el próximo año académico [www.parkerian.com/120518.rtf]. Este correo fue transmitido por uno de los destinatarios al jefe del departamento, y me citaron a una reunión, antes de la cual envié un correo electrónico abierto, el 21 de mayo, a la lista departamental, de modo que estaba claro lo que había hecho [www.parkerian.com/120521.rtf]. Una carta de advertencia enviada por el jefe del departamento constituye aquello a lo que la MMU se refiere, en el segundo de sus dos cargos, como “una instrucción de manejo razonable” [www.parkerian.com/121003.rtf].

El 26 de septiembre 2012, en un correo electrónico enviado al jefe del departamento, cuestioné la falta de transparencia en los procedimientos que permitieron el nombramiento de un nuevo profesor [www.parkerian.com/120926a.rtf]. Después de su respuesta, que no calmó mis preocupaciones y que me invitó a consultar el departamento de Recursos Humanos [www.parkerian.com/120926b.rtf], envié un correo electrónico al departamento, con copia al Director General de Recursos Humanos (HR) y al Vice-Rector [www.parkerian.com/120926c.rtf]. Éste es el correo electrónico al que se refiere la MMU, en el segundo de los dos cargos en mi contra, como el mensaje “destinado a socavar la credibilidad de un Jefe de Departamento”.

El 2 de octubre, justo antes de las 16 horas, una carta disciplinaria me citó a una reunión a las 11 horas del 3 de octubre [www.parkerian.com/121002.rtf]. Respondí que no podría asistir a esta reunión porque era un plazo demasiado corto para que mi representante sindical pudiera asistir conmigo. Es así como el 3 de octubre fui suspendido [www.parkerian.com/121003.rtf] con efecto inmediato. Para no hacer el cuento largo, la audiencia disciplinaria del 7 de octubre resultó en un veredicto de que mi primer correo electrónico acerca de las citas en septiembre era de la competencia de mi trabajo como representante sindical, pero que el correo electrónico para el Departamento de Recursos Humanos y para el Vice-Rector, y copiado a todo el departamento, fue planeado para socavar al jefe del departamento, y por lo tanto desobedeció la “instrucción de manejo razonable” de no enviar dichos correos electrónicos. El cargo fue rebajado de “mala conducta profesional grave” a “mala conducta profesional”, y la pena fue la emisión de una “advertencia final por escrito”, lo que significaba que podría ser despedido de inmediato por cualquier otra “mala conducta” que se me imputara. También se me solicitó que escribiera una carta de disculpa al jefe de departamento (por enviar mensajes de correo electrónico que socavaban su autoridad). Si bien tuve la tentación de obstinarme a no hacer esta disculpa, debí reconocer, después de algunas discusiones con mis amigos, que sí había ciertos aspectos de los correos electrónicos por los cuales podía y debía pedir que se me disculpara. Así que escribí y envié esa disculpa [www.parkerian.com/121204.rtf]. El camino estaba despejado entonces para volver a trabajar. Pero también estaba claro para mí que no regresaría a un departamento donde había sido intimidado y hostigado (como lo explico más abajo). Una fecha de apelación se fijó para el 30 de enero de 2013. Sin embargo, para entonces, ya era claro que este llamamiento, al igual que la audiencia, no estaría dirigido con justicia.

Apelé sobre la base de que, en los términos del procedimiento disciplinario de la MMU, “la pena era desproporcionada en relación con la supuesta infracción disciplinaria” (un correo electrónico copiado a mis colegas, cuestionando los procedimientos de nombramiento, siendo yo representante sindical, no constituye una falta grave), “el procedimiento disciplinario no se siguió correctamente” (la composición y el comportamiento del panel fue inapropiado, pues incluía al personal de Recursos Humanos, que ya había enviado cartas disciplinarias), y “aparición de nueva evidencia” (de la influencia del Vice-Rector en los resultados del proceso, sobre lo que volveré más adelante).

Ataque personal

He sido atacado personalmente y mi trabajo se ha visto socavado en el último año. He sido particularmente afectado porque he hablado, pero no soy el único en mi departamento (o en la MMU) que haya sufrido la lógica de intimidación y la política de acoso que reinan en la universidad.

Por ejemplo, se acordó una fecha (21 de junio de 2012) para mi Revisión de Desarrollo Profesional (PDR) que se realiza anualmente con el jefe de departamento, pero ésta fue cancelada y reemplazada por una reunión con dos directivos, el jefe de departamento y el decano, el 10 de julio. En esta reunión (donde se me dijo que yo había publicado demasiado y que debería dejar mis actividades sindicales), el decano me fijó “objetivos” para el próximo año. Me percaté de que se trataba de objetivos que debían ser establecidos por mí en la forma PDR enviada después de la reunión con el decano. En agosto fui citado a otra reunión con el jefe de departamento y el decano. Consulté a mis asesores sindicales, y el 12 de septiembre, le escribí al decano, cuestionando la forma en que se llevó a cabo mi PDR y pidiendo una PDR alternativa. La respuesta a este correo electrónico vino del Vice-Rector y consistió en someter la cuestión, como un asunto disciplinario, al Departamento de Recursos Humanos. Comencé a preparar mi queja en contra de los directivos de la MMU por intimidación, hostigamiento y acoso (formalmente presentada después de que fui suspendido, cuando no tenía acceso a mis correos electrónicos universitarios para recopilar la información que necesitaba). Empecé por una declaración en la que describía mi caso, la cual fue presentada el 3 de noviembre.

Una vez que terminó mi suspensión, se me dieron instrucciones para volver a mi departamento el día hábil siguiente. Fui con mi médico y obtuve un certificado médico por ansiedad/estrés en el trabajo. Una cita para analizar mi motivo de queja fue fijada para la mañana en que estaba previsto reunirme de nuevo con mi médico. En ese momento estaba muy claro que la queja, cuyo trámite sería dirigido por un miembro de la junta directiva de MMU (como sucede con muchas otras quejas recibidas por la universidad), se trataría como si fuera una audiencia disciplinaria. Ahora debo pensar en mi salud en estas circunstancias intolerables, y ésta es una de las razones por las que renuncié a dar continuidad a esta queja.

Posición profesional

Mi trabajo profesional como académico ha sido socavado hasta el punto de que ya no hay nada en el departamento de psicología en la MMU por lo que merezca la pena volver. No sólo mis condiciones de trabajo cambiaron, sino que hubo un rápido y total desmantelamiento de la base de investigación que ayudé a construir durante los últimos 27 años en la MMU. Organicé congresos y seminarios de investigación con profesores invitados, viajé y establecí vínculos con universidades de todo el mundo, y trabajé con diferentes colegas para escribir material de investigación que ha contribuido a que la MMU sea un centro de métodos innovadores de investigación y trabajo crítico en psicología. Luché para que este trabajo se introdujera en la enseñanza a nivel de postgrado y pregrado. Incluso durante mis cuatro años en el Bolton Institute (1996-2000), seguí asesorando a estudiantes de doctorado matriculados en la MMU, y además co-organicé un congreso internacional, en 1999, en el campus de psicología.

En los últimos años, se han puesto obstáculos en el camino de los investigadores visitantes, se me ha prohibido viajar durante el curso, y mis clases de psicología crítica e investigación psicoanalítica han sido eliminadas. Me he visto perjudicado tanto en el plano personal como en el profesional. La psicología de la MMU se orienta ahora hacia modelos y métodos convencionales, perdiendo así la base de su reputación distintiva en relación con otros departamentos de psicología en el Reino Unido. Hay también una reducción de los estudios sobre discapacidad y sobre psicología comunitaria. Vemos extinguirse así la reputación de la MMU en la investigación crítica innovadora en psicología. Se ha vuelto patentemente claro que ya no hay lugar para mí en ese departamento.

Mis estudiantes

He tratado de comprometerme con la MMU durante este tiempo difícil, y hacer un llamamiento a quienes puedan tener aún alguna simpatía por un ethos académico de investigación abierta en la universidad. Aunque la Encuesta Nacional de Estudiantes (NSS) sea invocada para justificar el aumento de las cargas de trabajo del personal docente, la universidad, en realidad, parece despreciar a los propios estudiantes. Más allá de las respuestas a la NSS, el espíritu de auto-gestión y el cuestionamiento de los estudiantes es visto con desconfianza o incluso degradado (en el caso de la campaña para apoyarme).

Me he esforzado por encontrar una solución que proteja las carreras de mis estudiantes de doctorado. Seguí encontrándome con los estudiantes de doctorado y hemos tenido a veces angustiosas discusiones sobre cómo podríamos continuar con sus investigaciones y cómo yo podría continuar apoyándolas. He solicitado a la MMU que se me transfiera a otro departamento, y he ofrecido incluso hacer esto en un contrato fraccionado para poder continuar asesorando a los estudiantes ya registrados. La universidad ha dejado claro que no aceptará esta petición razonable.

El sindicato

Como representante sindical, traté de plantear cuestiones sobre el control y la falta de transparencia, pero esto ha resultado ser una tarea casi imposible en el último año. En mis correos electrónicos sobre la carga de trabajo, he intentado plantear la cuestión de la creciente presión sobre el personal, primero en correos confidenciales y luego en un correo para todo el departamento. El nivel de miedo era tal que fue necesario recabar opiniones primero en privado y facilitar así la acumulación de información sobre la carga de trabajo para la discusión colectiva abierta. Envié estos correos electrónicos mientras era representante sindical en el campus Gaskell de la MMU, y en la audiencia disciplinaria, argumenté que lo hice en el ámbito de mis actividades sindicales. La comisión disciplinaria estuvo de acuerdo en que yo tenía derecho a plantear estas cuestiones, pero no estuvo de acuerdo con la manera en que lo hice.

Hubo un intento, en mi reunión con las autoridades del 10 de julio de 2012, de impedirme actuar como representante sindical. El sindicato era uno de los pocos espacios “seguros” para discutir asuntos relacionados con la carga de trabajo y con la intimidación (de hecho, yo mismo había organizado una reunión sindical abierta sobre la intimidación en la misma semana de mi suspensión). Ahora descubro que el jefe del departamento se las ha arreglado para intervenir en la sección sindical del campus. Temo por la capacidad de mis colegas para seguirse organizando para defender sus condiciones de trabajo. Y con las restricciones que se me impusieron, es poco lo que yo habría podido hacer para apoyarlos.

Contexto institucional

Le escribí al Director de Recursos Humanos, el 10 de diciembre de 2012, para decirle que mi trabajo ya no era valorado en el Departamento de Psicología. Se había producido, sin discusión, un cambio deliberado de mis condiciones de trabajo y de mi estatus en el departamento, así como una ruptura de la confianza, y mis quejas habían sido ignoradas. Le dije a Recursos Humanos que yo creía que se reanudaría la intimidación y el acoso que había señalado. Pedí que se me transfiriese al Instituto de Educación e Investigación Social (ESRI) en un contrato fraccionado que abarcara la supervisión de mis estudiantes de doctorado y que permitiera a la MMU favorecerse de mis publicaciones. El ESRI me indicó que aceptaría esto con gusto si había un acuerdo en la MMU para transferir recursos de la Facultad de Salud a la de Educación.

Gracias a mis contactos con colegas de otros departamentos, he descubierto que hay un patrón, en toda la MMU, de control y falta de transparencia, así como de represalias contra las personas que se atreven a denunciar esto. La jefa del departamento afirma que ella únicamente aplica la “agenda de cambio” en la MMU. El problema puede ser, en efecto, que ella sólo está haciendo obedientemente con entusiasmo lo que la alta gerencia en la universidad le dice que haga.

Cuando pedí ayuda al Vicerrector responsable de la investigación, canalizó el asunto a Recursos Humanos, con el mensaje implícito de que sería sujeto a una acción disciplinaria incluso por quejarme de la forma en que había sido tratado. Durante el período de mi suspensión, en un comentario de prensa, la MMU ha insinuado que la suspensión era un asunto más grave que el envío de mensajes de correo electrónico acerca de los procedimientos de carga de trabajo y falta de transparencia en los nombramientos. El propio Vicerrector hizo esos comentarios cuando un grupo de estudiantes e investigadores le entregaron la petición sobre mi caso en la mañana de mi audiencia disciplinaria.

Campaña de apoyo

Si hubiera obedecido la instrucción del 2 de octubre (la de no discutir de mi suspensión con nadie), hubiera estado acabado. La sección sindical en la MMU se ha mantenido firme en el apoyo que me brinda, y sus miembros han tomado iniciativas para proteger nuestros derechos sindicales, iniciativas que los han puesto en riesgo en un plano personal y profesional. Me dieron un buen consejo cuando yo no sabía qué hacer, y me acompañaron en todo el proceso. Admiro a todos aquellos activistas que hablaron y que se organizaron, y que ahora continuarán luchando contra la gestión de la MMU desde el interior. Mis amigos en diferentes universidades de todo el mundo se movilizaron para defenderme, aun cuando no sabían exactamente lo que yo había hecho mal. Confiaban en que las insinuaciones de la MMU debían ser una estratagema de la institución para socavar mi caso, y a través de sus peticiones y correos electrónicos de protesta, pidieron reiteradamente a la universidad que dijera claramente lo que estaba haciendo y por qué lo estaba haciendo.

Activistas del movimiento de psiquiatría democrática me apoyaron y mantuvieron una página electrónica abierta con información sobre mi caso. Compañeros de izquierda, en diferentes organizaciones, fueron una fuente de fortaleza política. Los colegas de organizaciones psicoanalíticas también vinieron en mi ayuda, e insistieron en la dimensión ética de las preguntas que yo hacía y en mi derecho a preguntar. Y un grupo de estudiantes y visitantes internacionales, que vieron súbitamente su trabajo académico perturbado por lo que había sucedido, se reunieron e hicieron muchas cosas sorprendentes y maravillosas para apoyarme a mí y a mis seres queridos. No me puedo imaginar lo que hubiera sido si me hubiera quedado callado y aislado. Lo que he aprendido en el curso de esta campaña, es que hay muchos que han sido atacados y derrotados, y que se han hecho invisibles y miserables.

El futuro

Hay algunas cuestiones pendientes. Mientras mi audiencia disciplinaria se llevaba a cabo en la mañana del 7 de noviembre, un grupo de estudiantes e investigadores visitantes internacionales entregaron una petición al Vicerrector en su despacho, protestando en contra de mi suspensión y criticando la manera poco transparente en que la MMU había manejado mi caso. Me quedé asombrado al enterarme de que el Vicerrector dijo que “nunca había encontrado nada tan grave”, y que, incluso después del resultado de la audiencia, “no todos los hechos se harían públicos”. Las implicaciones de esta declaración por parte del Vicerrector son muy preocupantes, ya que indican, no sólo que había prejuzgado el caso, sino que en ningún momento la MMU revelaría todos los detalles del caso, por lo que mi reputación ya no podría limpiarse (ésta es una razón por la que hago públicos los documentos ahora). Escribí al Vicerrector, y el grupo de alumnos/investigadores emitió una declaración abierta (ambos están en www.asylumonline.net/ian). Su respuesta fue simplemente remitir el asunto a Recursos Humanos, y se me dijo que mi correspondencia con él se trataría en mi apelación. Esto es grotesco, y todavía estoy exigiendo una retractación de sus comentarios y una disculpa.

En el departamento de psicología hay mucha infelicidad, pero ahora ya no habrá ninguna voz de protesta. En este sentido, el jefe del departamento ha tenido éxito en la aplicación de lo que la MMU llama su “agenda de cambio”. Se impone la ficción de que todo todos son cómplices voluntarios, pero no lo son todos. He estado en contacto con un grupo de colegas en ese departamento, e incluso cuatro de ellos, que han estado en desacuerdo con la forma en que he planteado las cuestiones de carga de trabajo y falta de transparencia en los nombramientos, han indicado que estarían dispuestos a hablar anónimamente a la prensa.

Tengo que seguir adelante, ahora fuera de la MMU. Estaré ocupado con trabajo psicoanalítico y con proyectos que he estado planeando y revisando. Voy a seguir trabajando en el marco de la Discourse Unit, y en colaboración con diferentes instituciones académicas de todo el mundo. La universidad me estaba haciendo mal. Era el momento de salir.

Ian Parker

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